La entrada de la casa de los Calvelli parecía el centro de mando de una zona de guerra. Las luces de las camionetas de Lucas y Liam se apagaron casi al unísono, dejando que el silencio de la noche fuera roto por el portazo de Gabriel al bajar de su vehículo.
Adentro, la sala estaba iluminada y el ambiente era denso. Noah caminaba de un lado a otro, con la mandíbula tan apretada que parecía que se le iban a romper los dientes. Emma y Mía estaban sentadas en el sofá grande, envueltas en mantas qu