—Yo... el químico... Lucas... los baños están rotos... —balbuceó ella, perdiendo por completo su elocuencia de jefa de logística.
Gabriel vio la mancha en su ropa y el enrojecimiento de su piel. Su instinto de bombero se impuso al pudor.
—¡Ven aquí! —le ordenó, estirando el brazo y tirando de ella hacia el interior del plato de ducha, sin importarle que ella estuviera vestida.