El silencio de la habitación en Thalassa era absoluto, roto solo por la respiración acompasada de Gabriel. Isabella estaba acurrucada contra su pecho, sintiendo el calor de su piel y el latido rítmico de su corazón, pero su mente estaba a kilómetros de distancia, atrapada en una pira de recuerdos que se negaban a arder.
Cerró los ojos con fuerza, y la oscuridad la arrastró de nuevo al último piso de la Torre AEGIS.
El aire acon