—¿Qué quieres decir? —preguntó Isabella en un susurro.
—Que Isabella Carrington debe morir hoy, en este momento. Borra este número. No llames más. Si alguien descubre que estás viva, nos matarán a todos. Quédate donde estás, olvida tu pasado, olvida tu apellido. Es la única forma de que Thomas no haya muerto en vano. Adiós, señorita.
La llamada se cortó. El silencio que siguió fue el más pesado que Isabella había experimentado jamás. Miró el