La mañana en la Estación 314 transcurría con una normalidad que a Isabella le resultaba asfixiante. El hangar estaba lleno de la actividad habitual: el sonido de las mangueras siendo enrolladas, las risas de Liam y Nicolás peleando por quién limpiaba mejor los rines del camión, y el aroma a café recién hecho que inundaba la cocina. Gabriel, con su uniforme impecable y esa nueva luz en los ojos que solo ella lograba encender, se acercó a su escritorio antes de salir