Esa noche, Odín al cruzar el umbral de la mansión, sintió un aire denso. Dio unos pasos hacia el interior cuando Susana apareció corriendo hacia él, con el rostro pálido y las manos temblorosas.
—Majestad —murmuró con la voz quebrada—. Nuestra luna está enferma. Después de merendar con su hermana, se desmayó en su habitación.
Por un instante, esas palabras recorrían su mente, que se rehusaba a aceptar lo que había oído. Su cuerpo se tensó y sus puños se cerraron con fuerza, y el suelo bajo sus p