Esa tarde, Marie se dirigió al campo de entrenamiento, necesitaba liberar tensiones. Al llegar, sus ojos se posaron en dos guerreros enfrascados en un intenso combate. Sin pensarlo mucho, se aproximó y les propuso entrenar juntos. Sin mediar más palabras, las espadas comenzaron a resonar en perfecta sincronía.
Mientras tanto, Moida llegó a la mansión con una cesta de comida en la mano. Preguntó por su prima, y uno de los sirvientes le indicó dónde se encontraba, se dirigió al campo. Al llegar,