LA GAZETTE.
Días después, la correspondencia había llegado, jean-Paul se levantó temprano, se vistió con su típico traje azul, se puso su sombrero, dejo atrás el pequeño hotel en el que se había hospedado días atrás, jean-Paul, saco su puro y lo encendió, camino lentamente en las calles empedradas de la ciudad.
Sus ojos observaban a las personas que iban de a pie, en las calles de la ciudad, un detalle le sorprendió, ¿Cómo pueden estar tan cómodos sabiendo de la existencia de ese hombre lobo que está ronda