Cuando tome la rienda, el hombre que vestía de negro me marco con una de sus uñas, y yo camine de prisa halando el enorme caballo que respiraba tras mis pies, cruzamos una enorme senda hecha de piedras en medio de las aguas negras, el hedor era nauseabundo, era casi insoportable, pero yo sentí un olor diferente, sí, cuando estábamos por llegar a la casa del señor del bosque.
Yo sentí un dulce olor rosa recién cortadas, y a unas duces lavandas, como si el viento dentro de la casa fuese más poder