Kereem…
No hay guerras limpias y en familia, todas son personales.
La imagen de Hurem en la pantalla lo quebró, pude verlo. Sus ojos se abrieron apenas, su mandíbula se tensó, y por primera vez en años, la máscara de Naim se fisuró.
La sonrisa se puso en una línea al ver la imagen de su madre, sedada, sostenida por mis hombres en la sala de seguridad. Fue como si le arrancaran el alma del pecho, y pude notar como se apretó la mandíbula, mientras Janna soltó un gemido de espanto.
Sin embargo, la