Zahar…
A veces el tiempo se estira como un hilo viejo que amenaza con romperse, y otras, se enreda sobre sí mismo hasta asfixiar. Hoy fue de los primeros: largo, espeso, insípido. Había leído tres libros seguidos sin retener nada. El mar no me calmó y las piedras del barrio me dolieron en los pies. Y hasta las flores que aún sobreviven en el balcón me parecieron impertinentes.
Estaba harta de ese silencio romántico que muchos idealizan como paz. No era paz, era letargo y exilio.
Así que decidí