Terceros…
Un día antes…
El comedor principal del palacio estaba en completo silencio. Las copas de cristal refulgían con el reflejo de las lámparas colgantes, y el leve murmullo de los sirvientes retirando los platos apenas rompía la atmósfera espesa. Naim comía sin levantar la vista del plato, con la precisión de quien lo hace por costumbre, no por placer. Su rostro era impenetrable, como esculpido en piedra, mientras las mujeres sentadas en la mesa masticaban, viéndose unas a otras.
Desde ha