—Llegarán en unas horas… —Sanem apretó su mandíbula y se miró a sí misma para decir.
—Iré contigo… —Naim frunció el ceño y negó.
—No es necesario…
—Lo es… espera, y saldré justo a tiempo.
Naim iba a refutar cuando ella salió de su vista. Soltó el aire con fuerza y se masajeó la sien. Entonces envió un mensaje rápido y luego guardó el móvil en su bolsillo.
La guardia y la zona militar estaba preparada. Muchos autos salieron por orden de Asad desde la distancia, y otros, desde la orden de Naim. Pe