Después de un momento, Kereem besó su boca con su ansiada hambre y luego la llevó a la terraza donde compartieron una cena.
Zahar miró el cielo, había muchas estrellas en esta noche y ella sonrió.
—¿Qué piensas? —miró a Kereem y negó.
—Leí una vez un libro… sobre las estrellas… En el occidente tiene muchas creencias sobre los deseos, y las estrellas fugaces, alguna vez… quise tener ese pensamiento.
Kereem la miró con intensidad y luego tomó su mano para levantarla y sentarla en su regazo.
—¿Qué