Kereem pasó un trago y deslizó su otra mano por sus curvas para llegar al muslo desnudo. Bajó la boca a la de Zahar y se la abrió con los dedos, para meter su lengua en ella.
Sus besos siempre eran urgidos, pero altamente satisfactorios. Aunque Kereem empleara la rudeza, la profundidad de su acto, sacaba a Zahar del mundo.
Y aunque ella no estaba preparada para interrumpir el beso, fue Kereem quien se despegó y se apartó de ella, haciéndole fruncir el ceño.
Zahar se giró viendo cómo él se apres