—¿Está todo bien? —Kereem parpadeó rápidamente mirando a Emré mientras ambos estaban sentados en una sala amplia, en uno de los edificios más grandes de Nueva York.
Solo faltaban minutos para que se pudieran reunir con toda la cámara estadounidense y con el mismísimo presidente.
—Si… —Kereem se rascó los ojos restándole importancia.
Solo había dormido horas, y las imágenes de Zahar en su cabeza pasaban a milisegundos a cada nada sin poder quitárselas a cada momento.
—Pareces cansado… ¿Sabes que