CAPÍTULO 54 AMOR Y REDENCIÓN
Zahar…
La brisa del jardín movía los velos de seda con suavidad, como si el viento supiera que no debía perturbar la calma que por fin había alcanzado. El jardín privado de mi habitación era una burbuja suspendida entre el cielo y el suelo, llena de jazmines, y una fuente que sonaba como un corazón latiendo a lo lejos.
Habían pasado semanas desde nuestro regreso a Riad.
Semanas de descanso, medicamentos, silencios compartidos y palabras medidas. Mi cuerpo ya no temb