CAPÍTULO 49 AMOR Y REDENCIÓN
Kereem…
Bajamos.
El túnel descendía hacia un puto infierno de concreto, acero podrido y humedad congelada. Las luces parpadeaban con el ritmo de un corazón en estado crítico, y lo único que podía pensar era en cuánto faltaba para tenerla entre mis brazos. Asad iba a mi lado, firme. Tres más nos cubrían las espaldas, el aire estaba viciado, el silencio lo cortaba todo como cuchilla y el sudor frío me corría por el cuello.
Llegamos a una puerta sin señalización de ace