CAPÍTULO 50 AMOR Y REDENCIÓN
Kereem…
El humo se colaba por las rejillas del techo como una maldición. Los gritos se mezclaban con los disparos, el eco de pasos apresurados venía desde los pasillos y yo solo tenía una cosa en la cabeza: salir con ella viva.
Zahar temblaba en mis brazos, tenía la respiración corta, las mejillas hundidas y la frente perlada de sudor. Pero seguía despierta. La sentía, aferrándose a mí como si supiera que eso era lo único que la mantenía consciente.
Corrimos entre c