Zahar…
Tecleé de forma perezosa ajustando los últimos movimientos y coloqué el auricular en mi oreja sin encenderlo.
En la pantalla apareció toda la información, solo porque había configurado mi rostro frente a ella, así que di un bostezo, porque eran las dos de la mañana. Miré mi taza de café vacía y me levanté, mientras escuchaba como el aparato iba sincronizando todo.
Miré la cafetera viendo cómo la línea de café comenzaba a llenar la taza, y volví a bostezar hasta que un clip en mi oído me