Kereem…
El auricular se apagó, la conexión se cortó y yo me quedé con esas dos palabras ardiendo en mi pecho.
No había espacio para el amor en la guerra. Pero ella y yo nunca seguimos las reglas, así que sonreí y apreté mi brazo al que solo tenía una rozadura de bala.
—Llamaré a un médico a que lo revise —y no refuté a Asad porque debía tener todo de mí para todo lo que estaba enfrentando.
Subí por el ascensor a la suite, y me metí en la ducha, dejando que el agua amortiguara toda la impoten