Kereem…
Habían pasado varios días desde la restauración del gabinete. No podía recordar bien cuántos, en realidad, todo se había convertido en una cadena continua de reuniones, acuerdos diplomáticos, reconstrucción de alianzas, audiencias internas, y noches enteras en vela.
El calor del desierto no se iba, pero el fuego dentro de mí era peor.
Dos semanas, dos semanas de silencios, de no saber absolutamente nada de Zahar, y en el fondo, yo no la culpaba, a veces me veía al espejo y no reconocía