Zahar…
El hotel entero parecía respirar a través de nuestras bocas entreabiertas. Aun así, tardé un minuto eterno en romper el nudo de mi garganta.
—Estaba embarazada otra vez, Kereem —murmuré.
Lo vi perder el color, sus manos se crisparon, y su mirada se volvió de vidrio. Pareció buscar aire y no hallarlo, como si cada palabra le arrancara un trozo de pulmón.
—¿En… la base? —balbuceó, con la voz astillada.
—Pero lo perdí…
Las palabras salieron de mi boca como si no me pertenecieran. Por un seg