Zahar…
No dije una palabra, solo caminé hacia afuera sin aceptar su mano, pero si su propuesta de irnos a otra parte a hablar.
Lo necesitábamos después de todo.
Caminé hacia la camioneta sin mirar atrás, con los dedos crispados y los pulmones pidiendo un poco de paz que no llegaba. Mis pasos eran firmes, pero dentro de mí, el temblor era incontrolable. Sentía a Kereem a mi espalda con sus ojos, quemándome la nuca como brasas.
La camioneta esperaba, oscura, blindada y silenciosa, y me subí sin m