El camino hacia el lugar del evento transcurrió en silencio. Sanem estaba recostada en el asiento, aparentemente serena, pero su mirada reflexiva dejaba entrever que algo la preocupaba.
Kereem, por otro lado, mantenía la vista fija en la oscuridad de la carretera, tratando de ahogar las sensaciones desencadenadas por el efímero contacto con Zahar.
En cambio, Zahar estaba recta, con la misma expresión, mientras sus pensamientos eran una tortura.
Ella reprimió sus ojos y abrió la boca para soltar