EL TIEMPO SE AGOTA.

EL TIEMPO SE AGOTA.

Cuando el auto se detuvo, Elara salió disparada hacia la entrada, su rostro era pura preocupación y prisa. Zayd, con su astucia característica, no se quedó atrás y la siguió de cerca, mientras Nathaniel terminaba de estacionar el coche con urgencia.

Al llegar a la habitación de Rose, la escena que les recibió era desoladora. La pequeña estaba conectada nuevamente al oxígeno, su rostro pálido como un papel.

―¿Qué pasó? ¿Adrián? ―Elara lo agarró por las solapas de su chaque
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