CELOS MATUTINOS.
CELOS MATUTINOS.
Nathaniel salió del ascensor con la respiración contenida, esperando ver a Elara en su lugar habitual. Sin embargo, su espacio estaba vacío, y un nudo se formó en su estómago. La incertidumbre le carcomía por dentro, pero antes de que pudiera dejarse llevar por la ansiedad, la voz de Margarita lo devolvió a la realidad.
—Nathaniel, ¿buscas a Elara? Fue a la cafetería hace un momento —dijo con una sonrisa tranquilizadora.
Un suspiro escapó de sus labios mientras asentía con un