NO LO QUIERO VER RONDANDOTE.
NO LO QUIERO VER RONDANDOTE.
Elara desvió la mirada, sus mejillas teñidas de un rubor que no podía ocultar.
—Nathaniel… estamos en la oficina —susurro.
Él sonrió y asintió hacia las ventanas oscurecidas.
—¿Nathaniel? —replicó él con un tono burlón—. ¿Ya no soy Nat?
Inclinando la cabeza aún más cerca, susurró en su oído, su aliento caliente contra su piel.
—Nadie puede vernos, Elara. ―Los labios de Nathaniel rozaron la piel de su cuello, provocando un escalofrío involuntario en ella. —Pero estoy