El ritmo de la música resonaba en el gimnasio, y Susan realizaba cada ejercicio con una concentración absoluta, esforzándose al máximo para seguir el ritmo de sus pensamientos acelerados. La frustración aumentaba con cada repetición, y sentía cómo crecía la tensión, pero el ardor en sus músculos era un alivio bienvenido.
—Tranquila, chica —la voz de Caroline la sacó de sus pensamientos. Su amiga la miraba con una ceja arqueada desde el otro lado de la fila de pesas—. ¿Qué te tiene tan tensa?
Su