Aún la sujetaba del brazo, y aunque su tacto había sido algo brusco cuando la agarró, ahora era más suave, y Susan podía sentir su pulgar rozando su piel con delicadeza. Era extraño cómo su tacto podía pasar de feroz a tierno en segundos, igual que cuando se besaron. Firme, pero no cruel. Con el tipo de hombre que era, ella habría esperado que fuera… bueno, brusco.
—¿Por qué te arrepentiste de tu respuesta? —preguntó de nuevo, con sus ojos oscuros fijos en el rostro de Susan—. ¿Por qué te arrep