El rugido de la montaña al resquebrajarse ahogaba cualquier otro sonido. Estalactitas gigantescas de granito cayeron desde la bóveda del templo, haciéndose pedazos contra el suelo de piedra y levantando nubes densas de polvo y escarcha. El colapso era inminente; las grietas se extendían como venas oscuras por las paredes del recimiento sagrado.
Darek protegió con su propio cuerpo a los dos pequeños, alzando su escudo de acero negro sobre las cabezas de Ares y Freya mientras los rastreadores de