Las luces de neón de la Strip parpadeaban como burlas grotescas contra el cielo crepuscular. Ivanka caminaba por la acera, sus pasos pesados, arrastrados, como si cada movimiento requiriera un esfuerzo sobrehumano. El ánimo, una losa de plomo en su pecho, la hundía más en la acera con cada paso. La conversación con Salvatore, la renuncia forzada, la mirada de dolor e incredulidad en los ojos grises de Gabrielle... todo resonaba en su mente como un eco en una cámara vacía. Estaba rota. Más que n