La habitación del Amo respiraba muerte y poder. El mismo aire, cargado aún con el fantasma de Aston Voloshyn y la violencia reciente, parecía oponerse a su entrada.
Gianni cruzó el umbral con Ivanka en brazos.
La depositó suavidad en el colchón de seda negra, Ivanka se sentó rígida, no acostándose, las piernas recogidas contra el pecho.
Su mirada estaba fija en algún punto del lujoso tapiz de la pared opuesta, pero Gianni sabía que no veía los hilos dorados ni los motivos oscuros. Veía caras des