La conciencia regresó como una marea negra y viscosa, arrastrando consigo fragmentos de dolor, humillación y un zumbido eléctrico que aún reverberaba en sus nervios. Ivanka abrió los ojos, la visión borrosa al principio, ¿En qué momento había pedido la consciencia?... Ni siquiera lo sabía.
No estaba en su habitación. No estaba en la cama de Aston.
Estaba de pie, los brazos extendidos y encadenados a una estructura de acero pulido que imitaba macabramente una cruz moderna. Las esposas de metal f