El eco del último acorde aún resonaba en la vastedad helada de la pista cuando la figura de Ivanka, erguida y respirando con fuerza en el centro del hielo blanco, fue interrumpida por un latigazo de voz.
— ¿A dónde crees que vas? — Yuri Smirnov estaba plantado en el borde de la pista, brazos cruzados sobre su delgado pecho, mirada de halcón clavada en ella. Su voz, aguda y cortante, no dejaba espacio para la satisfacción del espectáculo acabado — ¡Vuelve a la pista! ¡Ahora!
Ivanka se detuvo, e