El viaje de regreso a casa fue silencioso. No un silencio cómodo, o tenso, o pensativo. Era un silencio helado, como si el aire dentro del auto se hubiera congelado y cada palabra podría hacerlo estallar en mil pedazos cortantes.
Gael conducía, su perfil era una línea dura recortada contra las luces de la calle. La sangre en su brazo se había secado, formando una mancha oscura y rugosa en la manga de la camisa. Ni siquiera se la había vendado. Parecía no sentir nada. O sentir demasiado, y ésta era la única forma de contenerlo.
Yo miraba por la ventana, viendo pasar las calles sin verlas. La voz de mi pasado —esa versión asustada, manipulable y desesperada de mí— seguía sonando en un bucle dentro de mi cabeza. "Está bien. Lo haré." La promesa que le hice a Damian para traicionar a Gael.
Gael ya lo sabía. Lo había sabido durante semanas. Lo habíamos hablado, lo habíamos superado. Habíamos hecho un pacto sobre esa mentira.
Pero saberlo… y oírlo… eran dos monstruos distintos.
Sebasti