95: Si No Puedes Ser Mía...

Todo pasó demasiado rápido.

Gael tenía el brazo sangrando, pero ni siquiera parecía sentirlo. Sus ojos estaban clavados en Damian, que forcejeaba entre los dos guardias que lo sujetaban contra la pared del callejón. Valeria ya estaba libre, apoyada en Sebastián, quien le frotaba las muñecas marcadas por la cuerda.

Yo respiraba aliviada, el corazón todavía golpeándome el pecho. Había funcionado. Estábamos a salvo.

Pero entonces Damian dejó de forcejear. Se quedó quieto. Y sonrió.

Era una sonrisa
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