La casa estaba en silencio cuando entramos. Un silencio diferente al de antes. Más pesado, más nuestro. Los guardias se habían retirado a los puestos exteriores. La música y las voces del jardín se habían apagado. Solo quedábamos nosotros, el eco de nuestros votos y el vestido de novia que ahora me sentía como una segunda piel extraña.
Gael cerró la puerta del dormitorio con un clic suave. No hubo prisa. No hubo sonrisas. Solo nos miramos, prácticamente dos extraños que acababan de jurar una vi