El silencio después de su pregunta era tan denso que podía sentirlo en los pulmones. Cada latido de mi corazón sonaba como un tambor de guerra dentro de mi pecho. Gael no se movía. Solo me miraba, esperando, y en sus ojos ya no veía al indiferente frío. Veía a un hombre tan atrapado en este enredo como yo.
Fue él quien finalmente habló, pero no con la voz que esperé. Lo hizo con una voz más baja, más desgastada.
—Tu silencio… duele más que si me hubieras escupido una mentira —dijo, y las palabr