Al chico liberó a las dos personas que estaban en las celdas, Dayla le dio las pistolas de los cabos.
- ¿usted viene con esa gente? – pregunto uno de los hombres haciendo seña a los disparos de afuera.
- No – respondió Piero – vino por mí, pero nos iremos todos.
- ¿Cómo supone que saldremos de aquí con ese disturbio afuera? – preguntó el mismo hombre.
Ella señaló el ducto de ventilación. Los disturbios afuera se escuchaban más cercanos.
- Deberíamos atarlos – sugirió el otro hombre.
- En el tie