Capítulo 92. El despertar agónico.
El dolor no llamó a la puerta. La derribó.
Camila abrió los ojos de golpe.
No hubo transición suave entre el sueño y la vigilia.
Hubo una puñalada.
Un calambre brutal, caliente y retorcido le atravesó el vientre bajo, como si alguien hubiera metido una mano invisible en sus entrañas y estuviera exprimiendo sus órganos con un guante de lija.
—¡Ahhh! —El grito se le murió en la garganta, convertido en un gemido ronco y seco.
Se dobló sobre sí misma al instante.
Posición fetal.
Rodillas al pecho.