Capítulo 119. El contrato definitivo.
Llegó el momento de los votos. Arthur no sacó ningún papel del bolsillo interior de su esmoquin. No había practicado un discurso. No lo necesitaba. Clavó sus ojos azules en los ojos oscuros de Camila. Apretó sus dos manos entre las de él. Sus pulgares acariciaron los nudillos de ella con movimientos lentos.
—Me ahogué en el mar —empezó Arthur. Su voz ronca resonó en los micrófonos del salón. No había eco. Solo silencio absoluto entre los invitados. —Sentí el agua helada en los pulmones —contin