Capítulo 116. Las dueñas del monstruo.
Las puertas de acero del ascensor privado se abrieron de par en par. El penthouse estaba en completo silencio. Camila salió primero. Sus tacones de aguja repiquetearon contra el mármol negro del recibidor. Detrás de ella, los dos guardias de seguridad arrastraron a Arthur. Literalmente lo arrastraron.
Le quitó los zapatos en el coche, y las puntas de sus pies descalzos rozaron el piso pulido. Sus rodillas ya no soportaban su propio peso. Su cabeza colgaba hacia adelante. Su barbilla tocaba su