Capítulo 93. El lobo al mando.

El teléfono satelital sonó cinco veces. Diez veces. Quince veces. Nada. Victoria no contestaba. Arthur colgó con rabia y marcó el número de emergencia del piloto que se alojaba en una cabaña al otro lado de la isla. Bip. Bip. Bip. Buzón de voz.

—¡Hijo de puta! —rugió Arthur, estrellando el teléfono contra la pared.

El aparato militar rebotó sin romperse, pero dejó una marca en el estuco blanco.

Miró a Camila. Se había desmayado. O eso parecía. Sus ojos estaban cerrados, su respiración era supe
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