Capítulo 91. Solo esperar.
—Quítate, Victoria. Necesito ir, no puedo seguir esperando aquí.
—¡No te voy a dejar ir a ninguna parte! —le gritó ella, empujándolo por el pecho sano—. ¡Mírate! ¡Apenas puedes estar de pie! ¡Estás a punto de derrumbarte! ¿Qué vas a hacer allá afuera? ¿Vas a correr tras los sicarios? ¡Te vas a desmayar antes de llegar a la camioneta!
—¡Es mi hija! —rugió Bruno, y por primera vez levantó la vista.
Victoria retrocedió un paso ante lo que vio. No era ira. Era terror. Un terror absoluto y devastad