Capítulo 110. Soy difícil de matar.
El bolígrafo de plata rodó sobre el cristal. Chocó contra el borde metálico de la mesa. Cayó al suelo. El sonido rebotó en el silencio absoluto de la inmensa sala. Camila no respiró. La sangre le hirvió en las venas. La rabia pura y venenosa le quemó el estómago. "Es una broma", pensó, apretando la mandíbula. "Una maldita alucinación otra vez".
Se puso de pie de un salto. Empujó la silla de cuero negro hacia atrás. Las ruedas chirriaron contra el mármol. Giró el cuerpo de golpe. Apretó los puñ