Capítulo 110. El fantasma.
El reloj digital de la pared marcó las dos y media de la tarde. Dos horas y cuarenta minutos exactos de reunión. El aire en la inmensa sala de juntas estaba viciado. Olía a encierro, a café quemado y a sudor frío masculino.
Camila no se había levantado de la silla de cuero de la cabecera ni una sola vez. No había pedido agua. No había ido al baño. Su espalda baja palpitaba de dolor. Su cuello estaba rígido como una tabla. Sus ojos ardían por el cansancio y la falta de sueño. Pero no cedió ni u