Capítulo 104. La mujer equivocada.
Arthur se quedó de piedra. El insulto aterrizó justo en su inseguridad más profunda.
—¿Qué dijiste? —susurró, con la voz peligrosamente baja.
—Dije que eres un viejo —repitió Camila, clavando el cuchillo hasta el fondo—. Puedes usar tus trajes caros, puedes parecer de diez años menos, seguro porque te tiñes las canas para fingir que eres joven... pero eres un viejo amargado. ¿De verdad crees que te deseé? Me das asco. Ninguna mujer de mi edad se fijaría en alguien como tú si no fuera por tu dinero.
El rostro de Arthur se puso pálido. La ira que sentía se transformó en algo mucho más oscuro. Ella había tocado la fibra sensible, esa que le recordaba que estaba solo, que el tiempo pasaba y que, en el fondo, temía no ser suficiente.
Sintió una necesidad imperiosa de sacarla de su vista. Ella era un espejo que le mostraba sus peores defectos. Ella le había hecho sentir cosas que él no sabía manejar, y ahora, con esas palabras, había matado cualquier rastro de ternura que pudiera haber na