98. Donde el deseo y el riesgo se tocan.
La tarde cae sobre la ciudad con una luz dorada que se filtra entre los edificios, proyectando sombras largas sobre el asfalto, y Silvia permanece de pie junto a la ventana del hospital, con el teléfono en la mano y la mirada fija en un punto lejano que no llega a registrar del todo, porque su mente se mantiene ocupada en una sola idea que gira con insistencia: la propuesta de Santiago sigue ahí, concreta, accesible, peligrosa en su facilidad.
Sofi duerme otra vez en la silla, agotada por el ca