176. Ni yo.
El nombre quedó suspendido entre nosotros.
Alberto Beaumont.
Ninguno habló.
Ni Adrián.
Ni yo.
Solo el sonido del agua golpeando lentamente contra los pilotes del muelle parecía seguir existiendo.
Adrián fue el primero en reaccionar.
Su expresión había cambiado.
Ya no reflejaba únicamente sorpresa.
Ahora había decepción.
Una decepción profunda.
—El padre de Gabriel...
Murmuró.
Elías asintió con lentitud.
—Sí.
Sentí un escalofrío.
Gabriel Beaumont.
El hombre que había criado a Adrián.
El hombre a